REFLEXION SOBRE SUS LECCIONES PARA EUSKAL HERRIA
2.-------------- EL HILO ROJO DE LA HISTORIA.
Existe una estrecha relación entre las formas de lucha de las masas y las formas de explotación y opresión que padecen. Su relación oscila según la fase ofensiva, defensiva o de corto empate transitorio, siempre fugaz y lábil. Cada bando en pugna observa al otro, evalúa sus fuerzas, intenta dividirlo y a la vez, simultáneamente, intenta aumentar sus recursos propios y sus aliados. Los recursos del capital para innovar, ampliar e intensificar las formas de explotación, han sido superiores a los del trabajo y los pueblos oprimidos. La burguesía dispone de un impresionante arsenal de instrumentos de todo tipo para asegurar su dominación y la reproducción de las condiciones de producción capitalista.
Pese a todo, la burguesía ha sido mucho más zarandeada, puesta en peligro y hasta derrotada de lo que ella admite en público. La historia europea desde las primeras resistencias obreras y populares contra la novedosa forma de explotación unida a la máquina de vapor, en la Gran Bretaña de final del siglo XVIII, ha sido y es un vaivén de luchas, crisis y estallidos revolucionarios, golpes militares e intentonas de extrema derecha y contrarrevoluciones nazi-fascistas. Ciertamente, sólo podemos hablar de "paz social" durante justo dos décadas, la de los cincuenta y sesenta, y en muy pocos países europeos. żHemos olvidado el Estado policial de Alemania occidental? żY el gaullismo autoritario francés? żY las dictaduras española, portuguesa, griega...? żY la alianza anticomunista en Italia? żY la vigilancia permanente del "amigo americano"? żY la represión inglesa en Irlanda?... Además, la "paz social" mantenida en contadísimos países respondió a una excepcional y única confluencia en la historia del capitallismo de factores que propiciaron la aparición del llamado "Estado del bienestar". Pero cuando sus burguesías se han visto con las manos libres para quitarse la piel de cordero que cubría su ferocidad explotadora, lo han hecho, y lo están haciendo.
2.1.- UNA SINTESIS TEORICA.
No es este el sitio para exponer una versión alternativa a la historia oficial de la lucha de clases en Europa, aunque sí resumimos lo esencial de ella porque nos permite comprender con más facilidad el resto del artículo:
Existen grandes fases, períodos u oleadas de luchas a lo largo del capitalismo, que surgen tarde o temprano respondiendo a los cambios en el modelo de acumulación y explotación. El pueblo trabajador se organiza y lucha según su historia nacional-clasista y dentro de las grandes oleadas surgen ritmos e intensidades diferentes en un proceso desigual y combinado. El objetivo prioritario del capital es destrozar la centralidad de las masas oprimidas alrededor de su núcleo básico para debilitar a la totalidad del pueblo, por lo que las ofensivas burguesas aumentan en ferocidad según sea la fuerza trabajadora. Pero el resultado de este combate depende de las condiciones estatales, nacionales, culturales, etc, y no sólamente de la lucha economicista. Simultáneamente a la derrota obrera y popular se impone un nuevo modelo opresor que desestructura y debilita profundamente la centralidad anterior de l@s oprimid@s, surgiendo en ellos el derrotismo pesimista, sobre todo en la casta intelectual. Sin embargo, lenta y subterráneamente se tantean nuevas resistencias contra esas nuevas opresiones, y, como una erupción inopinada, surgen nuevas luchas y se recomponen y adecúan las viejas.
Esta versión alternativa es una de las áreas particulaes del materialismo histórico, método general de investigación de la historia que se basa en la dialéctica entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción como nudo praxeológico que explica en última instancia el por qué la especie animal humana ha llegado al borde de sus posibilidades de existencia en este planeta. Método que se basa, también, en el papel central del trabajo humano, tanto del trabajo abstracto como del concreto, según veremos luego. Por contra, la negación de este método general histórico-materialista y en especial la del área que investiga las luchas particulares de y entre las clases, ha de negar inevitablemente la dialéctica entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción y, en el interior esencial de esa dialéctica, la centralidad del trabajo humano. Ambas negaciones están en el fondo, deben estarlo, de la negación de la lucha de clases y de la explotación, opresión y dominación.
Hemos dicho antes, al comienzo, que los teóricos burgueses ya habían admitido la existencia de la lucha de clases. También admitieron que la economía capitalista estaba cuarteada y debilitada por fuerzas internas que limitaban su crecimiento y aumentaban sus problemas sociales. Tampoco faltaron filósofos que estudiaron el desenvolvimiento de las contradicciones en general, desarrollando un método dialéctico de pensamiento. Grosso modo expuesto, hasta mediados del siglo XIX la burguesía no tuvo mayores necesidades en la revisión y rechazo de esas concepciones. Sin embargo, la fuerte irrupción del movimiento obrero europeo en esa época, la agudización de las luchas nacionales que cuestionaban la solidez de los Estados burgueses, las crecientes contradicciones interburguesas en la expansión colonial y el inicio de las resistencias de los pueblos a esa expansión, estos y otros problemas, hicieron que la burguesía como clase social se replanteara en profundidad su entera concepción del mundo.
Y en los temas que nos interesan ahora, para los años setenta del siglo XIX se había revisado la teoría económica retrocediéndose de las tesis clásicas de Smith y Ricardo, a las de la economía del beneficio marginal. La diferencia entre ambas consiste en que la primera, la teoría clásica, se acercó a la realidad de la explotación y a la teoría de crisis estructural como resultado de la caída del beneficio, mientras que la segunda, la marginalista, cambia totalmente de problemática y método y se centra exclusivamente en las formas individuales de enriquecimiento, negando la realidad social y clasista, y reduciendo la economía a un simple juego de intereses entre personas "libres" e "iguales". Desde luego que ambas tienen fuertes lazos de unión que también aparecen ahora reactivados con el neoliberalismo, en especial la mitificación del mercado, el desprecio del intervencionismo público para limar las desigualdades sociales y, por no extendernos, la visión privada de la beneficencia social en contra de los sistemas institucionales de seguridad social. La concepción filosófica general subyacente y común a ambas teorías no es otra que el individualismo burgués.
2.2.- EL INVOLUCIONISMO MODERNO.
Pues bien, la involución reaccionaria intelectual de la burguesía se acelera con el tránsito del colonialismo al imperialismo, de modo que no sólo se niega abiertamente la realidad de la lucha de clases y se construye una versión interclasista de la historia, sino que también se genera todo un método de investigación social acorde con los intereses capitalistas generales y concretos. Generales en cuanto al antisocialismo furibundo y defensa de la superioridad del imperialismo occidental, y concretos en cuanto que cada gran Estado capitalista produce su grupo propio de intelectuales encargados de defender sus intereses específicos. Así, desde finales del siglo XIX y comienzos del XX, precisamente en el período en el que se agudizan las contradicciones generales del sistema burgués, su intelectualidad crea un cuerpo teórico, un paradigma interpretativo, que en el tema que ahora nos interesa va destinado a negar la centralidad del trabajo, a negar la existencia de las clases y su lucha mutua y a negar la capacidad de las clases oprimidas para construir un mundo mejor. Por contra, se reactiva la tesis del equilibrio general en su sentido clásico, o con las reformas posteriores quedando como teoría del equilibrio dinámico. El individualismo de esta teoría se refuerza con subteorías como la de los juegos, la de elección racional y otras que minimizan o niegan la importancia de lo social y colectivo, y el papel de lo individual en su interior.
En definitiva, se trata de romper o negar la existencia del hilo rojo de la historia, de negar la permanencia de una lucha interna y estructurante entre el Capital y el Trabajo, y que al emerger al exterior adquiere en algunos casos formas y los contenidos de lucha de liberación nacional, como es el de Euskal Herria, y también múltiples expresiones particulares en formas de movimientos populares y sociales, culturales alternativos, asociacionismo de ayuda mutua, grupos reivindicativos, etc, que son denominados de manera diferente según el contexto teórico-conceptual. Ahora, por ejemplo, se les denomina nuevos movimientos sociales pero un análisis más riguroso demuestra que ya existieron "viejos" movimientos sociales y sus correspondientes relaciones prácticas y teóricas con el Trabajo en general, y en particular con sus sindicatos y partidos revolucionarios o reformistas.
3. LAS ANTERIORES OLEADAS DE LUCHA.
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